Unas 47 familias que permanecían albergadas en la escuela Agustín Alonzo, en el barrio El Manchén de Tegucigalpa, denunciaron haber sido notificadas por miembros del Comité de Emergencia Municipal (Codem) para que regresen a sus viviendas. Sin embargo, muchos de los afectados aseguran que no tienen a dónde ir, ya que sus casas fueron destruidas por deslizamientos y quedaron sin pertenencias.
Rigoberto Colindres, uno de los damnificados, relató que representantes del Codem visitaron a cada familia para verificar su lugar de residencia, pero cuestionó la medida:
“¿Cómo se va ir la gente si los escombros están alrededor de sus casas?”, expresó con preocupación. Según explicó, los afectados se dividen en cuatro grupos: los que lo perdieron todo, los que sufrieron daños parciales, los desalojados por estar en zonas de riesgo y aquellos que, según él, “se aprovechan de la situación”.
El poblador señaló que algunos vecinos recibieron plazos distintos para abandonar el albergue, algunos hasta el 7 de noviembre y otros hasta el 15, lo que ha generado confusión y angustia. “
Lo que queremos es que el alcalde venga aquí, que hable con las personas y vea cómo estamos viviendo”, exigió.
Los damnificados piden una respuesta directa del alcalde capitalino, Jorge Aldana, para que conozca de primera mano las necesidades de cada familia y brinde soluciones reales. Colindres lamentó además que en zonas como El Reparto por Bajo, donde varias viviendas colapsaron, no se hayan realizado labores de limpieza, manteniendo los escombros en el lugar e impidiendo el retorno seguro de los vecinos.
De acuerdo con los testimonios, las autoridades solo han hecho algunas obras de mitigación en el área afectada, pero no acciones de reconstrucción.
“Han metido militares y cavado cunetas grandes para desviar el agua, pero eso no resuelve nada. La negligencia desde la tragedia de 2022 nos tiene así, sin casa ni trabajo”, reprochó Colindres.
Entre las afectadas, una mujer denunció entre lágrimas el trato recibido: “Nos dijeron como perros que nos teníamos que ir. ¡No tengo dónde irme ni dinero! ¡Aldana nunca ha venido aquí!”. En el albergue conviven 151 personas, entre ellas niños, adolescentes, adultos mayores y mujeres embarazadas, que hoy se sienten abandonadas y sin esperanza mientras el cerro sigue expulsando agua y amenaza con nuevos deslizamientos.










