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Trump estalla ante las comparaciones con Nixon mientras se prepara para dejar la presidencia

(CNN) — En sus últimos días en el cargo, el presidente Donald Trump ha visto cómo las partes del trabajo que amaba eran reemplazadas por frías advertencias legales, forzados discursos en video y un círculo cada vez menor de maltratados asesores, todos preguntándose ansiosamente cómo será la vida después del mediodía del 20 de enero.

Atrás quedaron los flashes de las cámaras. El rugido de las multitudes está ausente. En lugar de una semana final al mando llena de victorias, el presidente está desempeñando el papel de víctima y no el de un líder cortés que abandona el cargo.

Trump ha sido consumido por el desmoronamiento de su presidencia durante sus últimos días en el cargo, según personas a su alrededor, lo que incluyó una reciente discusión informal entre asesores sobre una posible renuncia.

Trump acalló la idea casi de inmediato. Y dejó claro a sus asesores en conversaciones separadas que la mera mención del presidente Richard Nixon, el último presidente en dimitir, estaba prohibida.

Le dijo a un asesor durante una reciente conversación cargada de improperios que nunca volviera a mencionar al expresidente. Esta semana, durante la fugaz mención sobre renunciar, Trump le dijo a la gente que, de todos modos, no podía contar con el vicepresidente Mike Pence para que lo perdonara, como Gerald Ford hizo con Nixon.

Ansioso por una prueba final de la pompa relacionada con ser presidente, Trump ha pedido tener una importante despedida el día de la toma de posesión la próxima semana, según personas familiarizadas con el asunto, antes de un último vuelo presidencial a Palm Beach.

Pero las señales de su inminente partida están en todas partes, incluso justo afuera de su ventana. El jueves, trabajadores colgaron banderines que decían «Inauguración de Biden-Harris 2021» en puestos temporales frente al pórtico norte de la Casa Blanca. Eran visibles desde su residencia del tercer piso.

Dentro del edificio, Trump ha estado soportando un segundo juicio político y un creciente aislamiento por parte de sus antiguos aliados en una sombría desolación. Cada vez se preocupa más por las calamidades legales o financieras que le puedan esperar cuando deje de ser presidente, dijeron personas que hablaron con él, alimentadas por advertencias de abogados y asesores. Se encuentra sopesando indultos, incluso para él y su familia, mientras intenta reunir un equipo legal para otro juicio político. Y está resentido con los republicanos, pues siente que lo abandonaron en sus horas difíciles, incluidos los líderes republicanos de la Cámara de Representantes y el Senado.

Sus asesores le han suplicado que pronuncie algún tipo de discurso de despedida, ya sea en vivo o grabado, que refleje sus logros en el cargo. Pero ha parecido desinteresado y evasivo. El jueves, fue Pence quien llevó a cabo tareas que normalmente se le dejaban a un presidente, como visitar a los guardias nacionales apostados en el Capitolio de Estados Unidos o visitar a los operadores de la Casa Blanca para despedirse.