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Segunda vuelta: más vale tarde que nunca

Sin entrar en los tecnicismos de la política y de las reformas que harán en el Congreso Nacional concernientes al proceso electoral, vivimos un momento clave para el futuro de una democracia sana y participativa, cuya práctica en la realidad ha sido burdamente opacada por dudas, injerencias e intereses oscuros.

La segunda vuelta es justa y necesaria. Lo que menos necesita el hondureño es más muerte y destrucción a causa de manifestaciones vandálicas o irrespeto a los derechos humanos. Ya es hora de que se respeten los votos y el deseo auténtico de tener un país próspero, con buen ambiente para los inversionistas nacionales y extranjeros; pero, sobretodo, para que nuestras familias, hijos y demás descendientes puedan crecer dignamente y tener el país que merecen. Ese país de verdaderas oportunidades, no de falsas promesas.

No hay peor ciego que el que no quiere ver. La matriz política cambió desde hace dos períodos electorales pasando del bipartidismo al tripartidismo. Su máxima representación se vio en el último ejercicio democrático con una apretada elección que motivó a observadores como la OEA a pedir una repitición, que al final se ignoró.

En Centroamérica, la segunda vuelta no es nueva. Costa Rica – un gran referente del área- la tiene. Guatemala y El Salvador también. Panamá lleva años en el debate, mientras Nicaragua se muestra ausente debido a la dictadura de Ortega.

Del resto de América Latina, solo Venezuela, Honduras, Panamá, Mexico y Paraguay no la practican. Países con gobiernos muy divididos e incapaces de consensuar y algunos altamente cuestionados en su legitimidad.

No hay nada más satisfactorio en cada decisión de la vida que sentir esa seguridad de que las cosas se están haciendo bien. Eso mismo se pretende cada vez que vamos a las urnas para elegir a nuestros gobernantes. Por ello Honduras no debe ser la excepción. La segunda vuelta sirve precisamente para eso. Gente que se abstiene como castigo a las prácticas corruptas, pero que después decide ir a votar para que lo malo no siga peor.

Pese a los detractores que ven la segunda vuelta como un riesgo para su estabilidad a costa de manos sucias, y algunos críticos que señalan el alto costo que conllevaría, la segunda vuelta debe ser un hecho, sea en la presente elección o la siguiente.

Hasta en eso el Covid-19 nos obliga a ser distintos. Que un cruel virus arrebate la vida, seres queridos, amigos y empleos es una cosa. Que bandidos – enfermos del poder- sigan haciendo de las suyas es otra. No lo permitamos más y salgamos a votar sean cuales sean las circunstancias. Y si empatamos, volvamos a votar.

De eso se trata la segunda vuelta. De que haya un justo ganador que gobierne porque una amplia mayoría así lo quiere, no porque a un pequeño grupo se le antoja. Bien por la democracia. Bien por Honduras.