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Las suspensiones un arma de doble filo

Lo que al principio fue visto como un alivio por los trabajadores, hoy es más bien un arma de doble filo aprovechada por empresas que tienen las costillas contadas. Que sin ningún tipo de escrúpulo alargan las vidas laborales de sus empleados para terminar dándoles el tiro de gracia.

Solo para recordar de dónde viene esto, el Gobierno, mediante el decreto 33-2020, consideró que para superar los obstáculos y daños causados por el Covid-19, y para minimizar el impacto en los hogares hondureños, había que incluir la aportación solidaria para el mantenimiento temporal de empleos e ingresos para los trabajadores durante la vigencia de la emergencia nacional.

Creemos que el espíritu del decreto fue auténtico, porque con un país cerrado, mercados muertos y cualquier actividad económica contraída, nadie tiene buenos augurios en el negocio. Toca recortar gastos, ajustarse la faja, innovar en tiempos de crisis, sobreponerse a la baja demanda y – entre muchas cosas más – ver cómo se mantiene intacta la fuerza laboral de una empresa.

Hoy, ese decreto es utilizado por administraciones inescrupulosas para orillar a los trabajadores a renunciar y a aceptar cualquier oferta laboral que se presente en el momento. Eso les vale a esas administraciones – cuya yegua les queda grande- para ir deshaciéndose poco a poco de esos trabajadores – que en muchos casos- se han partido el lomo por la empresa.

Gerencias de sentimientos espurios que atentan contra la estabilidad de sus empleados. Que desde que se publicó ese decreto no han parado de dar las cartitas de suspensión de dos o tres meses con tal de no pagar. Porque nadie les cree que lo hacen con el ánimo de no despedir, especialmente si desde que nacieron no han parado de hacerlo. Ya sea porque son administraciones que, aparte de ser malas y pésimas tomadoras de decisiones, no tienen la más remota idea del tamaño del negocio que pusieron en sus manos.

Finalmente, porque ya está todo explicado y puesto en la mesa, ¿Qué diferencia hay entre una persona que lleva siete meses en suspensión y recibiendo migajas de un aporte solidario con otra persona que recibió su carta de despido durante la crisis?…

Esas empresas que acaban de nacer – digamos hace tres años- ya están moribundas. Algunas ya apestan a muerto de tres días. Lo malo no es eso – porque no se puede esperar nada de una administración fracasada- sino la forma cruel y vil en que han despedido e incluso tienen hambreando a muchos de sus trabajadores. A quienes de paso les piden que, aún con una suspensión vigente, sigan laborando. Sinvergüenzas. Descarados.