El clima podría convertirse en un nuevo factor de presión para las empresas latinoamericanas. La intensificación de El Niño durante 2026 amenaza con generar interrupciones en el abastecimiento de agua y energía, dificultades para acceder a materias primas, problemas de transporte y mayores costos de operación.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que El Niño está plenamente establecido y prevé que continúe fortaleciéndose hasta alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. Además, estima una probabilidad cercana al 100 % de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027.
Para las compañías, el impacto no necesariamente llegará como un solo gran evento, sino a través de una cadena de efectos: menos disponibilidad de recursos, proveedores afectados, retrasos en transporte, mayores precios de insumos y presión sobre los márgenes de operación.
El impacto climático puede llegar directamente a los costos empresariales
Un análisis de WTW Corredores de Seguros advierte que los efectos de El Niño pueden trasladarse directamente a las cuentas de las compañías.
Entre los principales riesgos identificados figuran el aumento de costos de operación, problemas de abastecimiento y transporte, retrasos en materias primas e insumos críticos, interrupciones relacionadas con incendios y posibles incumplimientos contractuales.
WTW estima que los costos logísticos podrían aumentar hasta 15 % ante eventuales cuellos de botella en las cadenas de transporte.
La disponibilidad de recursos esenciales se encuentra entre las principales preocupaciones.
En mercados con alta dependencia de la generación hidroeléctrica, una reducción en los niveles de los embalses podría limitar la producción de electricidad y aumentar la necesidad de recurrir a generación térmica, generalmente más costosa.
Para industrias con un elevado consumo eléctrico, esto podría traducirse tanto en mayores costos energéticos como en una mayor exposición a interrupciones del servicio.
El agua también representa un recurso estratégico, particularmente para sectores agrícolas, industriales y productivos que dependen de grandes volúmenes para mantener sus operaciones.
Las cadenas de suministro enfrentan nuevos puntos de presión
El impacto podría extenderse desde los proveedores hasta los clientes finales.
WTW recomienda vigilar la disponibilidad y precio de las materias primas, los tiempos de entrega y la dependencia de proveedores ubicados en regiones vulnerables a eventos climáticos o geopolíticos.
Un ejemplo es el mercado de fertilizantes: alrededor del 30 % del suministro de América Latina procede de Oriente Medio, por lo que eventuales alteraciones en esa región podrían repercutir sobre los costos de empresas agrícolas y actividades vinculadas con la producción de alimentos.
Las afectaciones sobre carreteras, puertos y otras infraestructuras estratégicas pueden generar retrasos que se propaguen por diferentes eslabones de las cadenas de suministro.
De acuerdo con WTW, estos cuellos de botella podrían provocar incrementos de hasta 15 % en los costos logísticos, aumentando la presión sobre empresas que dependen de entregas oportunas y operaciones de transporte continuas.
Empresas deben anticiparse al riesgo climático
La recomendación de WTW es incorporar el riesgo climático dentro de las estrategias de gestión de riesgos y continuidad del negocio, en lugar de reaccionar únicamente cuando ocurre una emergencia.
Entre las medidas sugeridas están establecer indicadores de riesgo climático, actualizar planes de continuidad operacional, identificar proveedores alternativos y contar con fuentes secundarias de agua, energía y combustibles.
También se plantea realizar simulaciones para determinar si los protocolos de respuesta realmente funcionarían ante una interrupción de operaciones.
Aunque El Niño puede modificar significativamente los patrones de temperatura y precipitación, sus efectos no serán iguales en todas las regiones.
La OMM advierte que la intensidad del fenómeno por sí sola no determina la gravedad de sus consecuencias en un país específico. Los impactos dependen de la ubicación, la temporada y la interacción con otros factores climáticos.
Para septiembre-noviembre de 2026, la OMM prevé temperaturas superiores a lo normal en amplias zonas terrestres y cambios importantes en los patrones de precipitación.
Seguros paramétricos ganan relevancia
WTW también plantea revisar los mecanismos utilizados para transferir financieramente los riesgos climáticos.
Entre las alternativas aparecen los seguros paramétricos, que pueden activar pagos cuando variables previamente establecidas —como lluvia, temperatura o velocidad del viento— alcanzan determinados niveles.
Este mecanismo puede facilitar una respuesta financiera más rápida después de determinados eventos, al no depender necesariamente de un proceso tradicional de evaluación de daños en campo.
La pregunta empresarial cambia
Para WTW, la discusión debería ir más allá de determinar qué tan probable es un fenómeno climático.
El verdadero desafío consiste en calcular cuánto le costaría a una empresa detener una operación crítica, perder un proveedor estratégico o incumplir sus compromisos con los clientes.
Con El Niño fortaleciéndose durante 2026, el llamado para las empresas latinoamericanas es identificar sus puntos vulnerables, diversificar proveedores y preparar planes de contingencia antes de que una alteración climática termine convirtiéndose en una pérdida operativa o financiera.










