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Coronavirus y «Eta»

Ya ni sabemos por dónde empezar, pero lo cierto es que este año – apartando que el Todopoderoso está con nosotros – hemos estado torcidos.

Primero, la pandemia mundial del Covid-19 nos vino a impactar en marzo, un par de meses después de luto y dolor en Asia, Europa y Estados Unidos, donde poco faltó verlos caer en las calles. Idéntico al caso que trascendió desde Guayaquil, Ecuador, donde un hombre se desplomaba en plena vía pública a causa de muerte por enfermedad.

Así como vamos, con el nivel de positividad y letalidad de 2.7% demostrada, en 48 horas – a lo más- vamos a alcanzar los 100 mil casos de Covid-19. Lo bueno: no se han cumplido las cifras devastadoras y apocalípticas que tiraron en marzo. Lo malo: la falta de transparencia, o si quiere llamarle corrupción, en las compras realizadas durante la emergencia sanitaria, específicamente los siete hospitales móviles por los que se habrían pagado, «de buena fe», 1,200 millones de lempiras.

Hasta hoy, no hay nadie preso por ese caso de supuesta megacorrupción. Ya las autoridades ni empatía tienen con la gente que les demanda la aplicación de la justicia. ¡Ah!, pero bien que cuando alguien se roba una gallina para comer son capaces de exhibirlos como grandes delincuentes. Absurdo e indignante que estén a la vista esas diferencias que hacen y que cada vez causan más repulsión en los hondureños.

Y segundo, no menos importante, el huracán Eta. Desde anoche estamos «con el Jesús en la mano». Con solo ver esas imágenes que publica el Centro Nacional de Huracanes de Miami se sienten escalofríos. Hay temor por lo que nos pueda pasar como país, porque nuevamente la naturaleza nos agarra -como dirían vulgarmente- «con los calzones abajo».

Admirable el esfuerzo que hemos visto de parte de los cuerpos de socorro y prevención, pero la opacidad llega cuando las autoridades creen que pueden burlar nuestra capacidad de comprensión. Cuando creen que puede seguir jugando a su antojo con la psiquis ajena. Para muestra un botón: temprano dijeron que el «feriadón» iba a continuar porque que el sector turístico «necesita ese respiro económico» al recibir viajeros. Después, en la noche, dijeron que se cancelaba el Feriado Morazánico porque el fin primordial es «salvaguardar la vida».

¿En qué cabeza cabe ese doble discurso? Solo en la de ellos. Ya sabíamos que el feriadón era imposible esta semana, pero como siempre, se tienen un relajo que no pueden con él y no se ponen de acuerdo a la altura de lo que son.

Escribimos este editorial a poco de que Eta, huracán categoría 4, toque tierra en Honduras. Sus colas ya nos golpearon en Gracias a Dios y en algunas zonas de la costa, como Tela y La Ceiba, en Atlántida. Colón y Cortés también sufren. Todos estamos en vilo. Ya hay evacuaciones y queda desnuda, otra vez, la extrema pobreza que tenemos. Centenas de familias ya volvieron a quedar en la calle.

Confiamos en que esa gallardía y nobleza de este pueblo hondureño nos ayude a salir adelante. Apoyémonos unos con otros. Extendamos la mano a quien lo necesite y veamos – por instinto- cómo salimos bien librados de esto. No exponga su vida, ni la de sus hijos o demás familia. Cuidémonos. Nos vamos a volver a levantar. Qué Dios y la Virgen nos protejan.