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EFE/EPA/VATICAN MEDIA

El papa en Qaraqosh, la esperanza de una nueva vida para los cristianos

Qaraqosh, (EFE).- La catedral de la Inmaculada de Qaraqosh, en el norte de Irak, se ha convertido en un símbolo de esperanza y renacimiento para la diezmada comunidad cristiana del país. La más grande iglesia sirio-catolica en el país, quemada, destruida, profanada por los yihadistas del Estado Islámico (EI) hoy acogió resplandeciente al papa Francisco.

En una calurosa noche de agosto lo perdieron todo. Salieron de sus casas, prácticamente en pijama, con los documentos y algún objeto de valor, y muchos no volvieron.

Siete años después de la «noche más oscura» para los cristianos de la Llanura de Nínive hoy llegó el día tan esperado: Francisco vino a visitarlos durante su viaje al país árabe.

LA VISTA DEL PAPA, «ALGO GRANDIOSO»

Cantos, niños con flores y un enorme entusiasmo estallaron cuando el papa recorrió la nave central de la iglesia, rodeada de las 20 imponentes columnas de mármol gris hasta hace poco ennegrecidas por el humo del fuego causado por los yihadistas.

«Estamos muy contentos. Es un día especial para nosotros», dice a Efe Andy Abd, un joven nacido en Qaraqosh que cuenta que en 2014 tuvo que salir huyendo de la ciudad tras la llegada del EI.

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Cristiano, vestido con sus mejores ropas, espera «uno de los días más importantes de su vida» en el interior de la Iglesia rezando con el resto de fieles, mientras fuera miles de personas se agolpan para ver el papa. Han saltado todas las distancias de seguridad por la pandemia para ver al papa.

«Fue muy duro, muy duro», comenta el joven que regresó con su familia después de pasar tres años en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, como refugiado. El decidió regresar porque encontró un trabajo, pero cuenta que muchos jóvenes como él prefirieron emigrar a Australia o Canadá. «He perdido muchos amigos», dice.

Mounir Jibrahil, profesor de matemáticas, de 61 años, también decidió regresar, pero hasta el año pasado no consiguió reconstruir su casa. «Ahora estamos a salvo. Es algo grandioso poder ver al papa. Nunca pudimos pensar que vendría aquí. Quizá nos ayudará a reconstruir el país y que vuelva la paz y el amor», dice sentado con su familia en la catedral.

EL PATIO DE LA IGLESIA, UN CAMPO DE TIRO

El 50 por ciento de los habitantes no regresaron, sobre todo los jóvenes, pero los que volvieron pueden contar ahora con la Iglesia de Al-Tahira (De la Inmaculada) de Qaraqosh o Bajdida como prefieren llamarla en su idioma, el arameo.

Los yihadistas destrozaron esta iglesia, hicieron volar por los aires su campanario y la quemaron. Los muros ennegrecidos fueron durante años la imagen del terror.

En el patio de la iglesia se descubrieron, cuando Qaraqosh fue liberada en 2016, los maniquíes con los que se entrenaban los yihadistas y los agujeros de bala en las paredes: lo habían convertido en un campo de tiro. Mientras huían, los terroristas tuvieron aún el tiempo de quemar los manuscritos y los libros de oración que quedaban.

«Esta iglesia es uno de los centros más importantes de la Iglesia Católica. El ataque del EI a la ciudad causó mucha destrucción y devastación: la iglesia fue severamente dañada e incendiada, y se saquearon objetos de valor y muebles. La torre del reloj de la iglesia fue dinamitada y numerosas pinturas y objetos religiosos quedaron gravemente dañados», explicó el Padre Ammar Yako, supervisor de las obras de restauración, a la Asocición Ayuda a la Iglesia Necesitada, que ha recogido los fondos para su reconstrucción.

LA CATEDRAL VUELVE A RESPLANDECER

La catedral que hoy visitó al papa, completamente restaurada con sus 20 columnas de mármol gris que volvían a resplandecer, fue construida gracias al trabajo y las contribuciones de los padres y abuelos de los habitantes actuales de Qaraqosh. Para la edificación de la iglesia, entre 1932 y 1948, los granjeros donaron cada año parte de su cosecha.

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En una sala separada han conservado algunas partes dañadas de la iglesia: pinturas y objetos religiosos, además de partes del muro con consignas del ISIS. De esta manera, «quedarán pruebas de lo que el terrorismo nos ha infligido a todos», afirmó Yako.

Durante la ceremonia de hoy, en la que se rezó el ángelus, se le entregó al papa para una estola tejida a mano por Khaya Bakter, un artesano local, en los colores tradicionales de Qaraqosh, negro y morado.

A Gorjia Kapo, madre de dos chicos y una chica, se le encomendó la tarea de bordar y decorar la estola. Su familia vivió en Qaraqosh durante muchas generaciones, pero en 2014 tuvieron que huir debido a la invasión del EI y ha sido una de las familias que decidió regresar. Uno de los hijos de Gorjia fue ordenado sacerdote hace un año.

«Las cruces en los dos extremos de la estola son las cruces de la iglesia de Al-Tahera, las mismas cruces que están dentro de la iglesia que fueron destruidas y que ahora son el símbolo de una nueva vida», explicaron desde la iglesia. EFE

CON INFORMACIÓN DE EFE

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