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María Dolores Mejía: “No estoy sola, Dios y mi familia están conmigo”

“Si me preguntan del 1 al 10 que me asusto más, si recibir el diagnostico de VIH, o pasar por las tormentas ETA e IOTA, le daré el 10 a las tormentas”. “Que nadie nos diga que nos conformemos que estamos vivos, porque perdí todo lo que tenía para trabajar, pero con fe en Dios volveré a poner mi pulpería”

Por: Rosa González, Editora Revista LLAVES

San Pedro Sula.- María Dolores, vive en Chotepe una comunidad enclavada entre Chamelecón y La Lima, con cerca de 400 familias, muchas de ellas viven del sector informal.

María, comparte su casa, con su esposo quien también tiene VIH y diabetes, tres hijos y cuatro nietos. Debido a la COVID-19, solo su esposo pudo mantener su trabajo como guardia de seguridad, ella aportaba con una pequeña pulpería que atendía desde el 2009, cuando por medio de un proyecto del Fondo Mundial de Lucha Contra el Sida/TB/Malaria, junto a otras compañeras obtuvieron un capital semilla y montaron el emprendimiento, eran tres compañeras, pero solo ella persevero, la sostuvo hasta que las tormentas tropicales Eta y Iota se llevaron toda la mercadería, incluidas las vitrinas.

“Esos días de lluvias de ETA, vigilábamos el rio, pero nos confiamos pensando que por el canal de alivio el rio no se saldría, pero de repente a la media noche, una de mis hijas comenzó a gritar “papi, ayúdeme, se salió el rio” a los gritos nos levantamos, pero el agua rápidamente nos llegó al pecho, mi casa es un barracón, abajo tenía la pulpería, así que al meterse el rio nos refugiamos durante cinco días en la segunda planta, no teníamos energía eléctrica, no podía comunicarme con nadie, debo reconocer que Dios siempre ha estado conmigo. Esto es triste no se lo deseo a nadie.

Con IOTA, las noticias eran alarmantes, por lo que los niños mayorcitos lloraban y no querían quedarse en la casa, pues ya habían pasado por la primera tormenta, así que tomamos camino a pie desde Chotepe al albergue del Campo Agas, ahí nos dieron donde estar y nos aseguraron que no nos faltaría la comida, nos alojaron en los establos, habían unos caballos, pero los movieron a otro lado. Teníamos un techo, pero no paredes, el agua azotaba día y noche, nos dieron una colchoneta que no nos la dejaron llevar y la comida solo estuvo asegurada el primer y segundo día, yo andaba solo mis pastillas (ARV) por lo que al cuarto día decidimos regresar a nuestra casa, ahí yo podría encender un fogón y por lo menos cocinar frijoles. Y así hemos estado, con lo que nos regalan las personas, a mí me ha ayudado muchísimo el Programa Puerta Abierta, nunca me ha dejado sola, esto si es verdad, no como la propaganda de Juan Orlando (Hernández)”.

“Aun hoy, no hemos podido sacar todo el lodo, tenemos infecciones en los pies por la humedad. No tenemos nada para generar dinero, antes también hacia rifas, pero ahora que voy a rifar, si no tengo nada. Lo que más tristeza me da, es cuando los niños tienen hambre y no hay que darles. He tenido que pedir comida a los vecinos, o a las personas que llegan a los lugares afectados. Una de mis nietas solo quedo con el pañal que andaba, se perdió todo, ropa, zapatos, chancletas. Mis hijos, dicen que se van a ir, una de mis hijas tiene una bebe de ocho meses de nacida, ella dice que se ira de migrante, porque aquí no hay oportunidades de trabajo”

“Hace dieciséis años vivo con VIH, si me preguntan del 1 al 10 que me asusto más, si recibir el diagnostico de VIH, o pasar por las tormentas ETA e IOTA, le daré el 10 a las tormentas. Estoy viva, pero emocionalmente estoy mal, así que, nadie nos diga que nos conformemos que estamos vivos, porque perdí todo lo que tenía para trabajar, pero con fe en Dios volveré a poner mi pulpería.

Nota de la editora: Para quienes desean ayuda a María Dolores, ella a autorizado poner su teléfono de contacto: +504 88780613